Los daños producidos por su tumor (que tenía desde los cinco años) impedían que el líquido cefalorraquídeo circulara normalmente, y la presión por su acumulación podía acabar con su vida. Pero todo volvió a su cauce al subirse a una montaña rusa situada en Thorpe Park (ubicado al sudeste de Inglaterra): el zarandeo logró “destaponar el circuito”.
Tras la operación no podía andar, hablar o comer sin ayuda. Pero estaba decidida a vencer al tumor. Me ha costado años de duro esfuerzo, pero por fin ahora puedo llevar la vida que siempre he querido. En el último análisis no hay señal de que el tumor pueda reaparecer, lo que es una gran noticia.
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